22/02/2020 - 08:00

● La Nueva Dinámica Comercial Entre Estados Unidos y China
● Podría Abrir la Puerta de Ambos Mercados Para México


Redacción MX Político.- Al término del pasado enero, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en una muy animada ceremonia en la Casa Blanca, firmó el Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-​MEC), que habrá de sustituir en un futuro inmediato, al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN).

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Aunque todavía se requiere que el parlamento canadiense ratifique este acuerdo, se espera que se trate de un mero trámite y que pronto empiecen a correr los 90 días que el propio documento establece para que este nuevo instrumento jurídico entre en vigencia. Las expectativas económicas por supuesto, son muy altas.

Y es que, detrás de la ratificación, por parte de las dos cámaras del Congreso norteamericano y de la promulgación del acuerdo por parte del presidente Trump, está el hecho de que en Estados Unidos existen corrientes empresariales y políticas, que ven a China como el gran enemigo económico y comercial de su país y perciben que una alianza con México y Canadá, es indispensable, si lo que se quiere, es enfrentar con eficacia y posibilidades de éxito, al gigante asiático.

Lo anterior podría entenderse desde una perspectiva de libre mercado, pero con marcadas restricciones orientada claramente hacia la superpotencia económica que representa China.

Quizás la expresión más clara de esas corrientes sea la posición de Peter Navarro, director de la Oficina de Comercio y Manufactura de la Casa Blanca y cercano asesor del presidente Trump.

Este singular personaje ha señalado en diferentes textos la amenaza de China en los ámbitos económico y comercial. Uno de sus libros más conocidos y explícitos es “Death by China: Confonting the Dragon”. Durante la negociación del nuevo tratado comercial de Norteamérica, Navarro fue uno de los impulsores más decididos de la ratificación del nuevo acuerdo, precisamente como instrumento para confrontar a los asiáticos.

Tal vez por personajes como Navarro, el discurso de Donald Trump cambió a lo largo de los meses respecto al futuro acuerdo con México y Canadá, aunque para el consumo público y electoral de sus bases políticas, siguió culpando al TLCAN de la pérdida de empleos manufactureros en su país.

Pese a ello, cuando se contrasta en detalle el tratado vigente y el nuevo acuerdo, son pocas las diferencias de fondo, lo que sí ha cambiado, son las formas y los procesos. Más allá de los cambios de grado en el tema automotriz.

Lo más probable, sin embargo, es que los cambios no impliquen que las empresas automotrices vayan a abandonar México para instalarse en Estados Unidos o volver a Europa o Asia. Más bien, obligará a las empresas que operan en territorio mexicano, a buscar una mayor integración de sus procesos industriales. Estas son buenas noticias para el sector en territorio nacional, y pésimas para la base electoral anglosajona, que ha sido manipulada por Trump, haciéndoles creer que gran parte de las empresas automotrices regresarían rápidamente a su país.

En suma, en círculos empresariales norteamericanos hay quienes perciben el conflicto entre Estados Unidos y China como algo estructural, una situación que no va a resolverse claramente por una tregua como la firmada en los primeros días de enero.

En este sentido, se estima que el crecimiento económico y el poderío exportador harán de China, por muchos años, un rival de Estados Unidos. Esta rivalidad ha llegado para quedarse y está en vilo la supremacía por el control de los mercados internacionales.

Por esa razón, se plantea que sí, los vecinos del norte van a desarrollar capacidades competitivas, tendrán que buscar la alianza con los mexicanos. Y en particular, pese a todo lo que se diga en los discursos, el tema del menor costo laboral de México, inferior ya al de China, seguirá siendo un atractivo muy poderoso.

Otra de las armas que ha usado el presidente Trump para enfrentar a China, ha sido la imposición de aranceles. El acuerdo “Fase 1”, frenó el aumento en el volumen de mercancías chinas gravadas, pero no quitó el de 25 por ciento que se aplica a cerca de 250 mil millones de dólares de productos que se exportan de China a Estados Unidos.

Como resultado de la imposición de aranceles y ante la debilidad de la actividad manufacturera norteamericana, se ha podido observar una caída sustancial en el volumen de compras que Estados Unidos realiza a China. Los datos del Departamento de Comercio señalan que, al mes de noviembre de 2019, el retroceso de las importaciones chinas de EU fue de 15 por ciento respecto al mismo periodo de 2018.

De igual manera, hace algunos meses, México ya se enfila a la posición de primer socio comercial de Estados Unidos si se suman exportaciones e importaciones. Una excelente noticia, aunque suceda en el contexto de la guerra comercial entre superpotencias. En muchas ocasiones lo que debe entenderse, es que, ante un panorama de incertidumbre y cambios abruptos, las oportunidades deben aprovecharse casi al instante.

China continúa como el principal exportador, pero ante el hecho de que importa pocos productos norteamericanos, México lo supera cuando se consideran las dos corrientes comerciales, compras y ventas.

Ahora bien, además del descenso en las compras que Estados Unidos realiza a China, hay otro fenómeno importante que ya se ha hecho notar. Se trata de una fuerte caída de la inversión extranjera directa en China y Hong Kong. Este fenómeno lleva ya varios meses y parece que no lograra estabilizarse en el corto plazo. De continuar la hemorragia económica en este rubro, uno de los motores de la economía asiática habría dejado de funcionar.

Por lo tanto, si se consideran ambas economías, en 2019 hubo una caída de 20 por ciento en la inversión extranjera directa que recibieron, respecto de 2018. Esto significa que dejaron de entrar casi 50 mil millones de dólares el año pasado.

Si a este hecho se le agrega la coyuntura desafortunada de la epidemia del coronavirus, se puede observar que hay en este momento, una importante fragilidad en la economía asiática. Grietas en la impenetrable muralla económica china, que no se habían percibido hasta ahora.

Para México, la suma de los fenómenos anteriores, es una gran oportunidad.

Por un lado, los exportadores mexicanos pueden seguir avanzando en el mercado norteamericano y ocupar espacios que los chinos dejen.

Pero, adicionalmente, México se podría convertir en un importante imán para la llegada de empresas de países europeos o asiáticos que pretendan ingresar al mercado norteamericano usando el nuevo acuerdo comercial. Es decir, México se convertiría en la llave de acceso para todo el mundo al mercado estadounidense a través de inversiones que otros países hicieran en territorio nacional con la finalidad de acceder a Norteamérica con precios competitivos.

Bajo los términos del T-​MEC, además, podría haber una mayor oportunidad para que el grado de integración nacional de sectores como el automotriz, aeronáutico o electrónico sea todavía mayor, con un efecto más potente sobre el crecimiento local.

Un ejemplo de todo esto, se da con los desarrolladores de parques industriales en diversas localidades del norte de la República Mexicana, quienes están teniendo una fuerte demanda recibiendo a empresas que están considerando dejar sus operaciones en China y buscan una opción en México.

Ahora bien, ante todo el panorama de cambios vertiginosos y grandes oportunidades de crecimiento económico sostenido, ¿qué piensa hacer el equipo de Alfonso Romo y la secretaria de economía Graciela Márquez Colín?

La respuesta y sobre todo, la velocidad con la que esta interrogante sea contestada, podría decirnos mucho de la profundidad y la seriedad con la que esta administración entienda el papel de México en el mundo ante la globalización y el nuevo orden de los mercados internacionales.

Los cambios son tierra de oportunidades.

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