Memoria Pública: Meade, la mutación política/ En la opinión de José Gil Olmos

Por José Gil Olmos/ Apro

En 1988 el pacto político y electoral entre el PRI y el PAN fue sellado por Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos en el momento que el último convalidó el fraude con el que ganó el primero.

A partir de entonces los dos partidos caminaron juntos, pero tres décadas después sus pasos se han fusionado en un solo personaje: José Antonio Meade, cuya identidad ideológica y política es ambigua y difusa porque navega entre ambos partidos confundiendo al electorado.

            Quienes conocen a Meade Kuribreña dicen que es una especie de mutante político, un nerd bonachón de la política al que le da lo mismo trabajar con el PRI o con el PAN, siempre y cuando la propuesta de gobierno sea reformista, neoliberal e inclinada a la macroeconómica.

            A un mes de precampaña se ha difundido que el principal problema que enfrenta Meade es la confrontación interna entre los grupos que integran su equipo: el propio, el de su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, y el de su vocero, Eruviel Ávila. Demasiados capitanes y poca tropa.

Sin embargo, los principales retos que no ha podido solventar Meade en el mes de precampaña y que difícilmente los podrá solucionar, son la contradicción interna que genera la falta de identidad partidista y la pesada loza de la corrupción que el PRI tiene tatuada en su historia y en la de sus principales miembros.

            Aunque Meade se registró como ciudadano simpatizante en los actos que ha realizado ante los militantes del PRI en varios estados, quiere que lo acepten como uno de los suyos, pero no logra convencerlos de manera plena.

Los priistas se caracterizan por su disciplina de alinearse ante las decisiones de sus líderes, pero en el caso de Meade no lo sienten como uno de ellos porque su perfil es más cercano al PAN.

            La estrategia del PRI también se ha topado con el serio problema de la corrupción que, como franquicia, parece casi exclusiva de sus miembros más distinguidos. Cada vez que Meade o Aurelio Nuño o Enrique Ochoa Reza prometen el combate a la corrupción y que no admitirán más corruptos en el gobierno o en el partido, sale a la luz pública un nuevo caso de desvío de recursos, enriquecimiento inexplicable, negocios ilícitos o tráfico de influencias de algún miembro del PRI.

            No ayuda a la campaña de posicionamiento de Meade la pesada historia de corrupción que lleva sobre su espalda el gobierno de Enrique Peña Nieto su principal padrino y protector en su carrera por la Presidencia de la República.

            En su mutación política, Meade tampoco tiene un asidero favorable con su historial calderonista. El expresidente Felipe Calderón no es una referencia favorable para nadie y menos cuando tiene manchas de sangre imborrables por su declaración de la guerra contra el narcotráfico que solo generó más muertes, violencia y corrupción en todo el país.

            Es así que con estos lastres Meade parece que se hunde poco a poco a pesar de que su coordinador de campaña, Aurelio Nuño, diga que en solo un mes ya está en empate técnico con Andrés Manuel López Obrador o que el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, vaticine que ganará con el 40% de los votos en la elección del 1 de julio.

Por cierto… En las campañas sucias de las elecciones siempre se crean fantasmas con los cuales se quiere espantar a los simpatizantes de los punteros en la contienda. En esta ocasión Vladimir Putin, Elba Esther Gordillo, Nicolás Maduro y hasta Kim Jong-un son parte de la riada de espectros de terror que los estrategas del PRI vienen mencionando para crear una sombra de violencia en Andrés Manuel López Obrador. Surrealismo puro.

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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