Los Héroes Inflados. El Caso Zapata / En opinión de Jorge Miguel Ramírez Pérez

Redacción MXPolítico.-El escritor francés Ferdinand Braudel afirmaba en su teoría de los Anales de la Historia, que lo que conocemos como historia y que generalmente se enseña en la instrucción escolar, es mas bien un tipo de historiografía, que destaca la vida, acciones e influencia de las élites en una sociedad determinada. En esa visión los héroes como parte de la élite política de su época, son vistos como transformadores de su circunstancia y tiempo. 

De esa manera las leyendas que se les atribuyen a los héroes nacionales los hacen un tipo de seres fantásticos a los que se les cuelga toda suerte de buenas acciones, incluso hasta mas exageraciones, que generalmente se asocian a los supuestos santos patronos de los pueblos.

Entre las explicaciones del endiosamiento oficial, es decir del enaltecimiento que hacen las autoridades a los héroes; está el razonamiento genial de Castoriadis, para él,  el rechazo de la modernidad a Dios, devino en la tragedia de perder la inmortalidad; y como consecuencia el hombre sin Dios, huérfano de proyección y sin la trascendencia, construyó dos conceptos: la familia, como prolongación de la vida efímera de la persona, para continuar a través de los hijos los ideales perdidos, y la nación, para obtener en la esperanza de la prolongación de esta, también su efecto intemporal ausente.

En otras palabras, el hombre a partir del siglo XVII empezó a imaginar con vehemencia que su esfuerzo y metas seguirían vivos, mas allá de su vida en la misión de sus hijos y en el compromiso con la nación. “Yo moriré, pero mi legado lo continuarán mis hijos. Yo moriré, pero México seguirá adelante.”

Por eso los nacionalismos se recrearon al extremo desde entonces: Hitler decía que Alemania era el origen de una vida superior con una raza superior; otros, un poco menos que eso; pero los más, arraigados a darle vigencia a la inmortalidad del nacionalismo a través de héroes y heroínas a quienes rendirles culto.

Por eso las loas a los héroes se inculcan desde la niñez, se promueve impulsar sus figuras en alabanzas que se corresponden a un Olimpo tan ficticio como éste, totalmente falso, pero útil, en tanto cubre la necesidad de vindicar y exaltar personas comunes y corrientes, con aciertos y errores, de los que los primeros se glorifican y los otros, los antecedentes de mala imagen, se ocultan.

Por ende, los personajes que, en esa historiografía, llegan a esas alturas apoteóticas para ser venerados; también tienen una contraparte, extremadamente alterada: la de sus contrarios, sus enemigos, los “malos”; cuyos nombres sirven para que los exaltados como “héroes” los pisen y escupan en las crónicas a modo, elaboradas por los sacerdotes del culto patriótico.

Así tenemos en México un dualismo inflado del bien y mal políticos: Cuauhtémoc, “el bueno” y Cortés, “el malo”; Guerrero, “el bueno” e Iturbide, “el malo”; y la serie de esas simplezas llegan hasta el colmo con Juárez “el bueno”, confrontado con puros “malos”: Santa Ana, Comonfort, Miramón, Almonte, Maximiliano y los que se le quieran añadir.

La fórmula se repite al revés con Porfirio Díaz: puros “buenos” eran sus enemigos; entre ellos Madero y los maderistas en la realidad, aunque en la historia exagerada no solo Carranza, Obregón, o Calles aparecen como si fueran un frente común contra Díaz; lo que no se corresponde con la exactitud de la verdad; sino Emiliano Zapata se alega por los inventores de ídolos, que era leal a Madero, omitiendo el acto de traición de tomar la Ciudad de México, para que en lo que se conoce como “decena trágica”: Huerta, Blanquet, Félix Díaz, el “sobrino de mi tío”, pudieran operar para la muerte de Madero y Pino Suárez. 

En otras palabras, si Zapata por instrucciones de su íntimo: Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Porfirio Díaz, el más poderoso terrateniente de Morelos, no se hubiera sublevado contra Madero, no hubieran podido cuajar el plan para matarlo tan fácil y esa muerte pletórica de bajeza y traición, tal vez no hubiera sucedido así, teniendo a Zapata de cómplice del crimen.

Pero en la historia verdadera no hay hubieras; así sucedió, el caballerango de Nacho de la Torre, “el 41” el mismo Zapata, jaló con el que lo controlaba y en el carro del hacendado, fue donde se llevaron los cadáveres del presidente y del vicepresidente ultimados. El autor intelectual de ese crimen más que Henry Lane Wilson, fue De la Torre, el patrón, el que  “se revolcaba  Zapata”, como escribió en su diario su esposa Amada Díaz, la hija de Porfirio . Y por favor dense tiempo para leer la historia e interpretarla con lógica...

Por eso cuando se sabe que los héroes no son ángeles, que no tienen alas y que no se visten de blanco, la gente se enoja. Malamente porque los seres humanos somos de destellos y caídas, y los héroes no son dioses, ni con minúscula...

Conocer la vida de los que tuvieron influencias calificadas como positivas, no exime a sus contrarios de las mismas cualidades. 

Respetemos la historia verdadera y rechacemos la distorsión de los cuentos y leyendas falsos, que lo único que pretenden es descalificar a la gente que como tu y yo, somos comunes y corrientes, porque no hay de otros y es con la realidad que se hace Historia, como decía Braudel, cuando sí se hacen los cambios significativos en la vida cotidiana de las personas; esa es la verdadera Historia.

Autor: Jorge Miguel Ramírez Pérez 
 
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