Ética en la política / En la opinión de Felipe de Alba

Por Felipe de Alba

 

Por razones personales, en los últimos tiempos he estado discutiendo el problema de la moral y de la ética en diferentes foros o simplemente en espacios de mi vida cotidiana.

 

Esto me lleva a la reflexión sobre el hecho, o los hechos, que tienen un espacio para la moral, y otros para a la ética, todos en conjunto, que necesitamos reflexionar en el contexto de la política hoy, aquí, en torno al proceso electoral. Por razones de espacio, y si quiere de ética, me reservo los nombres que son, por lo demás, de todo mundo conocidos.

 

Hablar de la moral sería hacer referencia a la inclusión de un partido religioso o que defiende posturas religiosas, en una alianza con otro partido que se define como de izquierda y por tradición, anticlerical. Sin embargo, es un problema ético si dicha alianza se da exclusivamente por razones de obtención de votos, por imagen política de apertura o cualquier otra cosa que no sea de orden programático, es decir, que tenga algún viso oportunista.

 

Hablar de la moral también se refiere a aquel caso de un candidato que critica otro porque no declaró aparentemente, tres departamentos. Sin embargo, es un problema de ética cuando en su propio comportamiento ha sido criticado porque, mientras fue funcionario, no se dio cuenta de lo que más tarde serían escándalos de corrupción bastante conocidos hoy por los medios.

 

También es un problema moral que un candidato acusara a otro de resultados de gobierno utilizando cifras falsas, para defenderse de acusaciones de presunto lavado de dinero, por cierto, acusaciones que no están registradas ante las autoridades. La ética una vez más, tendría razón en que en un caso o en otro, se explicara, como figuras públicas que son, de la manera clara y detallada de qué se trata la información sobre dichos temas.

 

También podría tratarse de un problema moral cuando un candidato pide cortar las manos aquellos funcionarios que se les encuentre culpables de robo. Esta moral fundamentalista, vigente en otros países, ha sido tratada en México como un problema de ética y de derechos humanos, es decir, de pleno respeto a la vida de las personas más allá de su condición ante las leyes.

 

Un último caso, podría referirnos a los candidatos que, de diferente partido han sido asesinados en diferentes partes del país. Si encontramos en ello un propósito moral, podríamos decir que la situación es de descomposición social en ciertos casos, o que puede estar ligada a una ambición de grupos locales por el poder y por tanto de eliminación del adversario, o de vínculos con grupos delictivos que se cobran alguna deuda. La ética, una vez más, nos devolvería al principio fundamental de exigencia al respeto a la vida de cualquier persona, cualquier partido, cualquier religión, o creencia.

 

La lista podría ser larga, nos encontramos en un mundo donde aparentemente, la política está lejos de considerar a la ética como comportamiento de respeto hacia el otro.

 

Creemos que esta política que ahora vivimos justifica excesos a veces de la autoridad, a veces de los candidatos, de todos sin excepción.

 

Lejos está la exigencia general, salvo excepciones, de un mundo sin corrupción como premisa fundamental de la de la política; lejos está también la imagen del ejercicio político como muestra de honestidad intachable; lejos también la idea que predomina en México que “algo tiene que cambiar” aunque el destino, los objetivos, aún sean inciertos.

 

En ese mundo donde la política está más cerca de la moral que de la ética, los objetivos de dicho cambio futuro están dejados de la mano del vicio mexicano del “dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy”. Ojalá no sea así y nos demos la oportunidad todos de mejorar esto, que a todas luces, es insostenible.

 

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Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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