“Desobediencia”: un amor prohibido / En la opinión de Luciano Campos

Por Luciano Campos/ Apro

 

En Desobediencia (Disobedience, 2018) Sebastián Lelio continúa explorando sus inquietudes sobre la sexualidad y el lugar de la persona en el universo. El realizador chileno ya aportó al mundo el año pasado la laureada Una mujer fantástica, en la que una dama transgénero necesitaba adaptarse a un mundo que la hostilizaba por su condición, que la obligaba a mantener en secreto culpable una relación amorosa.

 

Ahora, regresa al tema con dos hermosas mujeres, separadas por el tiempo y la distancia que, al reencontrarse, encienden una antigua flama que nunca terminó por apagarse. Lelio, como coguionista, elige perversamente una comunidad judío ortodoxa en Londres para acentuar la condición vedada del apasionamiento lésbico. Es difícil esconder el amor en un cosmos microscópico donde predominan las tradiciones, el honor, la rectitud, y donde todos se conocen y conviven en la intimidad de los hogares.

 

El filme acierta por su buen gusto. La relación entre las dos damas es inicialmente tersa y de diálogos, aunque la innegable química hace que se genere, de inmediato, una tensión erótica que inunda la pantalla. Conforme se van acercando, se van revelando detalles de recuerdos comunes que comparten, hasta que el deseo se desborda.

 

Rachel Weisz y Rachel McAdams acusan una comunión perfecta. Sus actuaciones hacen que en pantalla se genere una chispa que se transforma en un incendio, con personalidades tan diferentes que terminan por complementarse perfectamente.

 

Toda la aventura genera un maravilloso nerviosismo. No existe secreto sobre el rumbo que tomarán los hechos, pues desde el poster promocional de la película se anuncia. Aunque sí hay una crispación permanente sobre los cauces que han de tomar sus vidas y, sobre todo, el elemento disruptivo de un tercer involucrado, el marido (Alessandro Nivola), un hombre ejemplar, devoto, casi un santo entre la comuna.

 

El singular triangulo es empujado por la inercia a tomar decisiones. Ninguno tiene una sencilla respuesta para la encrucijada que les pone la vida. Más difícil resulta actuar cuando todos se sinceran, y se proclaman fidelidad espiritual. McAdams, como la esposa sometida, explora la ruta de la liberación, porque puede estar viviendo en un engaño. Tal vez la única salida se encuentra en la desobediencia, el rechazo a los códigos, la ruptura de las costumbres y la liberación de los sentimientos. Pero, tal vez, también, seguir la voz interior signifique el insoportable rechazo social, el ser relegada y el estigma.

 

Desobediencia es una exquisita propuesta de corte lésbico, que explora con mirada curiosa la forma en que reaccionan dos mujeres que se sienten sorprendidas por sus propias pulsaciones prohibidas. Resulta interesante contemplar hasta qué punto están dispuestas a rebasar los límites que se han impuesto.

 

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