Ánimos electorales / En opinión de Bruno Torres

22/10/2020 - 16:07


Redacción MX Político.- Los ánimos electorales están desatados a nivel nacional y particularmente en Oaxaca que tiene en la política el sino y la válvula de escape de sus conflictos permanentes. La capital del estado y algunas regiones han padecido manifestaciones de organizaciones sociales que impulsan una agenda de intereses particulares, y que a menudo entran en conflicto con cualquier definición del bien común. Hace unas semanas se instaló un nuevo plantón en el Zócalo encabezado por un membrete imposible: “Movimiento de ferieros de Oaxaca”; una especie de grupo de presión que defiende el derecho a instalar juegos mecánicos y vender comida a ras de calle en el principal espacio público de la que aún se considera una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

La agitación política tiene dos vertientes en los planos nacional y local. El plano nacional pasa por la renovación de la dirigencia del Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, un caudal de intereses que está lejos de ser partido político, y que en su proceso interno ha exhibido una guerra de lodo peor que la de los tiempos de las tribus perredistas. Ver al casi nonagenario Porfirio Muñoz Ledo enfrascarse en un conflicto de corte personal con Mario Delgado, el mejor de los acólitos del presidente de la República, es sintomático de la pérdida de brújula de esta ‘organización’. Luego de su irrupción más que exitosa en el sistema de partidos y del triunfo abrumador en las urnas del actual presidente, es lamentable comprobar que Morena es un partido sin programa, y cómico que algunos de sus miembros busquen abrogarse una bandera lopezobradorista que no han dibujado ni siquiera en dos cuartillas.

La definición del próximo dirigente de Morena es crucial, pues este instituto ha convertido al estado en uno de sus principales bastiones. Hay que recordar, para quien no lo haya notado, que excepto un distrito local en el Papaloapan, el resto de los distritos locales están en manos de morenistas, a veces vestidos de PT o PES, pero que en el fondo responden a la misma lealtad al líder supremo. Además de que los diez distritos federales de mayoría también están en manos de morenistas, con todo lo que esto implica. Es curioso, por ejemplo, que un matrimonio comparta curules en la bancada petista en San Lázaro: Benjamín Robles y Maribel Martínez, ejemplo de que la ley de hierro de las oligarquías de Michels, uno de los principales politólogos del siglo pasado, sigue siendo superada por la realidad. En el fondo, lo que vemos es lo que ha existido siempre: una relación perversa entre el poder y el ámbito privado, que hoy exhibe los vicios del viejo régimen pero reformulados en clave populista.

Es interesante lo sucedido recientemente en los estados de Coahuila e Hidalgo, donde el PRI arrasó en el primer caso y fue ganador moderado en el segundo. Ante estos triunfos su dirigente nacional celebró como si se tratara del resto del país. Oaxaca es distinto y, a pesar de sus contradicciones, la fuerza de Morena aquí y en el Sureste del país es abrumadora. Morena ya gobierna Veracruz, Chiapas, Tabasco y la tendencia es que amplíe su dominio hacia Guerrero y Campeche el próximo año. En este contexto favorable al presidente más que a Morena, con todo un ejército de ‘servidores de la nación’ en territorio, identificando por cuadra a los electores, el escenario tendencial es que Oaxaca viva su tercera alternancia con Morena en 2022. Este escenario implica desde ahora una lucha entre corrientes a su interior y es una variable para entender el resurgimiento del conflicto social en la entidad. Hace unos días, en medio de una protesta de Codep, fue preocupante un video que circuló en redes en el que hombres embozados casi rompen el parabrisas de un vehículo de carga. La violencia política de Oaxaca que solo se apacigua, pero nunca desaparece.

Las elecciones del próximo año, en las que la ciudadanía oaxaqueña votará para renovar el Congreso del Estado, 153 ayuntamientos que se rigen por partidos políticos, además de los diputados federales, marcarán una nueva alineación del poder. Al realizarse en 2021, esta renovación supone un desafío mayor para el actual gobernador puesto que su periodo termina el último día de noviembre de 2022. Así que el proceso electoral para renovar la gubernatura está en marcha debido a la aduana del 21; veremos autodestapes sin programa y gran cantidad de publicidad política. Lo saludable democráticamente sería discutir qué estado queremos más allá de la guerra de lodo que se anticipa; éste es más un anhelo que una posibilidad real.


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