AMLO: Presidente rico, país pobre / En opinión de Guillermo Zetina

El presidente se está quedando con un gabinete de cuarta. Los mejores, los más preparados han preferido abandonar el barco en protesta por la forma rupestre e irresponsable del tabasqueño para gobernar. Se están quedando sus cuates, el círculo rojo de 15 tabasqueños que lo siguen hace décadas y dicen sí a todas las ocurrencias (ya célebres) del macuspano. Son ineptos, impreparados, sin ningún roce laboral de importancia y sus únicos méritos son porque le echan porras al jefe cuando juega béisbol.

Este grupo de lo encabeza el director de Pemex, Octavio Romero, un agrónomo y comerciante refresquero que de hidrocarburos sabe sólo llenar el tanque de su vehículo en una gasolinera. Ahí está Javier May Rodríguez, subsecretario en Bienestar, quien fue reclutado por López Obrador cuando ejercía su oficio: electromecánico. También Oscar Rosado, titular de Condusef, quien era gerente de banco. Por ahí anda una mujer contadora, Rosalinda López, cuyos méritos son ser hermana del gobernador Adán Augusto y esposa del gobernador chiapaneco Escandón; ella es jefa de Auditoría Fiscal del SAT. Otro tabasqueño es Rafael Marín Rebolledo, en el Corredor Multimodal Interoceánico; es platanero y se pegó a López Obrador por su cercanía con la anterior esposa del hoy presidente. En la secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana el tabasqueño puso al general Audomaro Martínez, su guarura de siempre, quien fue corrido en Tabasco como jefe policíaco después de una sublevación de guardianes. También en ese grupo está Marcos Manuel Herrería, como director de Administración y Servicios de Pemex. Su mérito es que su hermana Carmen fue esposa de un hermano de López Obrador. Otro es Humberto Hernández Haddad, subsecretario de Turismo, quien hay que decirlo no es muy cercano al grupo, quizá porque tiene estudios académicos reconocidos. El antropólogo Juan Antonio Ferrer cobra como director del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, sin la mínima preparación para el puesto. En el Fovissste, López Obrador puso a otro cuate impreparado, Agustín Gustavo Rodríguez, empresario tabasqueño de medio pelo. Otros amigotes en puestos más o menos son Hugo Chávez, el Chelalo Beltrán y Carlos Enrique Ruiz Abreu. Todos con algo en común: son del montón…

Como se ve, es un grupo de gente de escasa calificación profesional y menos méritos políticos, que rodean al presidente y frenan a cualquiera que pretende colocarse bien en este gobierno. Ellos son alérgicos a la gente preparada, con estudios, y hacen pomada a quien llegue rodeado de títulos honoríficos y diplomas de estudios especializados. Es un grupo de tabasqueños de muy bajo nivel educativo y cultural, muy afines con su protector y padrino…

Esta cerrada (en muchos sentidos) camarilla de paisanos se encarga de hacer la vida imposible a cualquiera que, como ellos, no tenga especialidad en tomar pozol con el jefe. Esta es una de las muchas explicaciones de las salidas escandalosas de funcionarios de primer nivel del gobierno de pacotilla de López Obrador. Germán Martínez y Carlos Urzúa, políticos con más o menos renombre en la escena nacional, probaron el fierro de esa cofradía. Pagaron muy caro pensar diferente del presidente y proponer salidas congruentes a problemas del país. El Pozol-Power no tolera gente con dos dedos de frente para no exhibir sus enormes torpezas y carencias personales. Tienen como empleados a paisanos y politiquillos de tercer nivel, a los que más bien toman como mandaderos o para que lleven y traigan a sus amiguitas…

La renuncia de Germán Martínez al Seguro Social dejó en claro que la corrupción está incontenible y que cualquiera que no acate sin chistar las órdenes de arriba, cuando se trata de los grandes bisnes, está condenado al fracaso. En Hacienda el señor Urzúa, un respetable financiero y padre de familia honorable, enfrentó sin éxito a una parvada de arribistas y logreros que están cerca del presidente y que revientan a cualquiera que quiera hace un buen trabajo por México, o que se atreva a levantar la voz contra los ineptos. Debe entender Urzúa que, como va López Obrador, salió ganando al abandonar una nave tripulada por una recua de funcionarios del montón que más tarde que temprano harán naufragar al país.

Los números reales, no los que presume tener el presidente, hablan de un México paralizado, a punto de la recesión, gobernado por los grupos criminales y humillado a hacer el trabajo sucio que Trump no quiere hacer en una cacería bestial contra inmigrantes. Los números fríos dicen que en los primeros cinco meses del gobierno los homicidios dolosos aumentaron en 4.5% en relación a 2018. Por ejemplo, en el primer semestre de 2018 hubo 13,428 casos; en el 2019 subieron a 14,133… De un Mèxico en el que el presidente deshonra su promesa contra la corrupción de Peña Nieto pues el 70% de las obras públicas las ha dado por adjudicación directa, es decir, sin licitación; es decir: a los cuates y favoritos. Hay cifras de que con López Obrador han subido los secuestros, los feminicidios.

El caso es que López Obrador, en poco más de 7 meses como presidente, tiene un record de hechos criminales como pocos presidentes de México en la historia. Aunque él diga que tiene otros datos, lo cierto es que para la posteridad hay que anotar a su cuenta personal una cifra de entre 43 y 94 mexicanos ejecutados todos los días en su administración.

El “ave de tempestades”, como bien lo llamó Eduardo R. Huchim, ahora resulta que es uno de los presidentes del mundo que podrá manejar a su antojo, casi sin ningún control o vigilancia, nada menos que 125 mil millones de pesos en lo que falta del año, según la oposición. Como caja chica, como partida secreta, manejará como le dé la gana nada menos que 23 veces más dinero que lo que tuvo Peña Nieto anualmente en su caja chica, fuente de corrupción inimaginable. Yo creo que ningún mexicano imaginamos que los ahorros, recortes y austeridad que han trastocado al país fueran a parar a los bolsillos de López Obrador, para sus chuchulucos. Para castigar y premiar, para comprar conciencias, para darlo a los cuates y a los que le echen más porras cuando se enfunde en el uniforme de beisbolista fenómeno. Para dar curso a sus locuacidades y darle hacia adelante a planes tan mafufos como costosos, como la refinería, el trenecito o su aeropuertito.

En México hay ahora, con López Obrador, presidente rico con país pobre. El presidente tiene los bolsillos llenos; pero su austeridad está prácticamente matando de hambre a millones de compatriotas. Miles de enfermos no pueden curarse porque no hay medicinas. Miles de burócratas se quedaron sin chamba. Miles de hogares resienten en el mercado y el super los demenciales recortes del presidente. Como dijo Manuel J. Jáuregui: una cosa es ser austero y otra ser miserable…

Quién lo iba a decir: el luchador social, el izquierdista, el embaucador de masas está convertido ahora en un presidente archimillonario. Con una caja chica a su disposición, con 125 mil millones de pesos para cumplir caprichos y ocurrencias. Los recortes, la austeridad, el apretón de cinturón, son contra los mexicanos. Él ya puede dormir tranquilo. Con esa cifra en la cartera seguro que sí hará historia. Pero es seguro que para él los pobres ya NO son primero…

 

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