Alternativas al conflicto hídrico (I) / En la opinión de Felipe de Alba

Por Felipe de Alba

 

Según la Comisión Nacional del Agua(CONAGUA), el acuífero del Valle de México está sobreexplotado. En documento publicado en el Diario Oficial de la Federación del 26 de septiembre del 2016, la extracción de agua es de 623.8 millones de metros cúbicos anuales, mientras que la recarga es de 512.8 millones de metros cúbicos al año.

 

Sobre ello último, el documento sugiere que: “cualquier incremento de la demanda de agua, agravará los efectos perjudiciales causados por la explotación intensiva, tales como el abatimiento del nivel del agua subterránea, con la consecuente inutilización de pozos, el incremento de los costos de bombeo, la disminución e incluso desaparición de los manantiales, los hundimientos diferenciales del terreno con el consecuente daño a la infraestructura urbana, así como el deterioro de la calidad del agua subterránea.”

 

Por ello, las situaciones de conflicto ambiental conllevan eventuales enfrentamientos entre actores (resistencia, oposición, crítica). Es también un juego de poder que construye un discurso gubernamental o que se registra por expresiones sociales (políticas, económicas, morales, identitarias, etc.).

 

En situaciones de conflicto, los actores involucrados emplean recursos económicos y técnicos, buscan el respaldo científico, se articulan con otros grupos sociales de igual postura o de luchas similares, con cobertura mediática amplia o con capacidades técnicas para alcanzarla; finalmente, también establecen diferentes tipos de vínculos institucionales a partir de los cuales negocian los tiempos y presionan por la satisfacción de sus demandas o los términos de su solución.

 

En dicho sentido, con frecuencia en estas movilizaciones, acciones sociales o cualquier nombre que se desee atribuirle, intervienen agentes externos que comparten su experiencia con la experiencia reciente, para mirarla, para ampliarla, para lograr su satisfacción.

 

En pocos casos, la articulación institucional está desde el inicio o en su caso, es la razón por la cual la comunidad, el grupo o la asociación se están movilizando.

 

Es decir, una de las razones esenciales de dicha movilizaciones tiene que ver con la satisfacción o insatisfacción que produce la acción institucional en materia hídrica.

 

No obstante, en cualquiera de las anteriores articulaciones orgánicas, organizacionales institucionales o para-institucionales, es frecuente que se establezcan entonces las bases para construir posibilidades de solución.

 

 

En dicha condición, las instituciones pueden desarrollar en forma coyuntural políticas públicas específicas que tiendan a la estructuración de dicha movilización, protesta o inconformidad en vías de “incorporarlas” al proceso institucional.

 

A todo ello, es preciso abundar que, debe considerarse también que las alternativas que surgen en México son tan diversas como son variados los conflictos socioambientales y son diferentes los territorios en donde tienen lugar.[1]

 

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Felipe de Alba, Doctor en Planeación Urbana, con estancias de investigación en MIT (EEUU) y ENS(Francia). Ha escrito varios libros y más de 50 artículos en revistas internacionales sobre medio ambiente, recursos naturales y ciudades. Es investigador del CESOP, en la Cámara de Diputados, e investigador SNI 1.

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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[1]Ochoa, Heliodoro (2012).Mapeo de conflictos ambientales y alternativas en Jalisco, aportes para una metodología”. En Tetreault, Darcy; Ochoa, Heliodoro; Hernández, Eduardo (coords.) Conflictos socioambientales y alternativas de la sociedad civil. ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara. p. 88.

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