Toy Story 4 ejecuta a la perfección una historia que no sorprende

Redacción MXPolítico.- Toy Story 4 no tiene ningún problema aparente. Excepto por ese número "4" de su título. Y es que esta cuarta entrega de las aventuras del cowboy Woody (Tom Hanks), Buzz (Tim Allen), Jessie (Joan Cusack) y el resto de juguetes empieza a dar la sensación de historia que ya hemos visto. De receta que ya se había cocinado antes.

La película arranca con una tormenta que casi parece que los cineastas de Toy Story 4 (dirigida por Josh Cooley y escrita por Andrew Stanton y Stephany Folsom) hayan incluido para demostrarnos lo mucho que ha avanzado la tecnología desde el estreno de la Toy Story original en 1995. El agua es una de las cosas más difíciles de animar y en Pixar se lucen con una secuencia de lluvia prácticamente fotorrealista con las gotas de agua cayendo sobre la calle y chocando contra los cristales de las ventanas.

La acción nos traslada primero nueve años atrás y vemos a un Andy todavía relativamente pequeño jugando con sus juguetes preferidos, Woody entre ellos. Cuando el niño los deja en su habitación, Woody tiene que encargarse de rescatar al típico juguete en apuros. Y es que no habría película de Toy Story sin misión de rescate para tratar de recuperar algún juguete extraviado. Nos reencontramos también con el personaje de la pastora Bo Peep (Annie Potts) y vemos qué pasó tras el final de Toy Story 2 que provocó que su personaje no regresara en Toy Story 3. 

Los títulos de crédito arrancan a ritmo de la (un poco manida, pero definitivamente nostálgica) "You've Got a Friend in Me" de Randy Newman a modo de elipsis temporal en la que vemos cómo Andy va creciendo y le acaba donando sus juguetes a Bonnie (Madeleine McGraw). Esto es algo que ya habíamos visto al final de Toy Story 3 en realidad. Pero ya sabemos que en Pixar son maestros en secuencias que hacen pasar los años y te ponen la piel de gallina

Woody ya no es precisamente el juguete preferido de Bonnie, pero es un juguete profesional. Su misión en la vida es servir a su niño/a. Es un juguete proactivo que hasta se colará dentro de la mochila de Bonnie el primer día de preescolar de la niña para asegurarse de que todo vaya bien. Será en ese momento cuando Bonnie cree a Forky, su nuevo juguete preferido hecho a partir de restos de la basura. 

En la figura de Forky (Tony Hale de Veep) Pixar hace recaer uno de los muchos mensajes de la película. El hecho de que también un muñeco a base de desechos sea un juguete y se identifique como tal. El hecho de que se puede ser diferente a la norma y eso no implica que no se pueda pertenecer a un grupo. Me hubiera gustado que la película insistiera más en esta línea.

Pero es que había más moralejas que incluir y, por supuesto, más operaciones de rescate que añadir. Sin entrar en detalles que desvelen más información sobre la trama, cabe decir que nuestros protagonistas acaban metidos en la típica misión para recuperar a uno de los suyos y tratar de volver a tiempo con su dueña sin quedarse tirados en medio de la nada. Todo un pasaje de la película (su trama principal en realidad) que suena demasiado familiar y es muy parecido a otros momentos de la franquicia. Da un poco la sensación de que los juguetes de Toy Story siempre estén saltando de vehículos en marcha, tratando de rescatar a alguien y procurando no perder para siempre a su amo/a.

La idea de los juguetes perdidos (o que no tienen un niño o niña) es uno de los mayores temas de la película. Toy Story 4 es una metáfora de la paternidad en la que los juguetes son unos padres y madres que no dejan de hacer referencia a sus niños y están dispuestos a prácticamente todo por ellos. Se destaca la necesidad de la mayoría de los juguetes por tener un niño y los traumas de aquellos que no los tienen. A pesar de que también se hayan incluido algunos juguetes un poco más independientes, como Bo Peep, de la servitud y el sacrificio a un niño/dueño permanente.

Por suerte, entre tanta moraleja y la obligada secuencia que Pixar ha puesto ahí sólo para tratar de hacer llorar al espectador (o enternecerlo, pero que no deja de darme la sensación de manipulación emocional) también hay sitio para el humor. Toy Story 4 contribuye al año increíble que está teniendo Keanu Reeves, dándole el papel del juguete/motorista canadiense Duke Caboom. Destaquemos que Reeves tiene nacionalidad canadiense. Pero no solo eso lo hace perfecto para este papel.

Aunque mis personajes preferidos en Toy Story 4, y de quien en realidad podría ver una película entera (intuyo que de terror, pero eso es otro tema), son Ducky (Keegan-Michael Key) y Bunny (Jordan Peele), dos peluches unidos por una de las patas y perversamente interpretados por el duo cómico. La secuencia en la que estos dos muñecos de aspecto adorable explican sus ideas para robarle una llave a uno de los humanos de la película es simplemente divertidísima. Y uno de los pocos momentos frescos de toda esta historia.

Toy Story 4 también tratará el tema de no obsesionarse por intentar ser perfecto con el personaje de Gabby Gabby (Christina Hendricks), conducirá a un final que no sorprende (esto no se puede calificar de spoiler) y no le niega las posibilidades a una nueva secuela (la taquilla tendrá seguramente la última palabra al respecto). 

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde el estreno de la Toy Story original que definió el género de animación. Pero más allá de los muchos logros tecnológicos de los que puede presumir esta película, no parece que Pixar esté innovando en estos momentos tanto como lo hizo entonces o posteriormente con títulos como WALL·E (2008) y Up (2009). 

Se agradece el esfuerzo que el estudio está haciendo estos últimos años por tratar de ser un poco más inclusivo. De ahí que tanto su reparto de voces como los personajes que podemos ver en la pantalla sean más diversos. Pero el estudio de animación sigue teniendo mucho trabajo por hacer. Solo uno de los 21 títulos que Pixar ha estrenado hasta el momento contaba con una mujer en la silla de dirección (Brenda Chapman fue substituida como directora de Brave por Mark Andrews en un momento de la historia de Pixar no falto de cierta controversia).

La mayoría de imágenes y relaciones que Pixar nos presenta en pantalla siguen siendo predominantemente heteronormativas. No hay siquiera atisbos por representar a personajes homosexuales o no binarios en Toy Story 4.

Por todo ello, y porque no deja de estar contándonos una "nueva" historia de personajes que conocimos por primera vez en 1995, Toy Story 4 es una película correcta. Pero ya está. Su guión contiene la estructura perfecta y todos los elementos que incluiría una clase magistral de escritura de películas. Su ejecución es impecable y la tecnología está a la altura de todas las necesidades de los cineastas. Pero es casi un filme de laboratorio. Un título no memorable. La tercera secuela de una franquicia que difícilmente puede recuperar su frescor inicial. Y que no acaba de sintonizar con las reivindicaciones temáticas y los valores de 2019

 

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