El coche eléctrico no es el futuro: es el presente

Redacción MXPolítico.- ¿Cómo se sintieron los que compraron las primeras unidades del Model T a Henry Ford? ¿Qué pensaron los transeúntes cuando vieron a Bertha Benz llevar a sus hijos en el primer viaje largo de un automóvil hasta la fecha? Es imposible saberlo, pero gracias a los avances de este 2018, hemos podido sentir algo similar.

Cuando dentro de unas décadas todo el mundo circule con coches eléctricos, recordaremos el 2018 como el principio de una nueva era; una en la que, para bien o para mal, se produjo una revolución en el mercado. Ya sea porque los consumidores lo quisieron, porque los políticos obligarán a ello o, simplemente, porque son la única alternativa que nos queda.

No ha sido el primer año con coches eléctricos en las carreteras, por supuesto. Como concepto, los coches eléctricos llevan décadas, incluso más de un siglo, mostrándose en salones de todo el mundo; y como producto, muchos fabricantes ya llevan unos años ofreciendo versiones electrificadas de sus modelos. Pero eran más una curiosidad que otra cosa, algo que enseñar para demostrar que el departamento de I+D estaba haciendo algo ese año.

Lo que sí podemos decir es que el 2018 ha sido el año en el que las piezas para su dominio mundial han encajado. El año en el que muchos hemos aceptado que son el futuro de la automoción.

Tesla se expande e inicia su conquista de España

Si hablamos de coches eléctricos, es obligatorio hablar de Tesla. La empresa de Elon Musk (47) ha ocupado titulares más veces de las que podemos contar, especialmente con funciones que no encontramos en otros coches; pero no siempre en términos favorables.

La personalidad de showman de su CEO le ha jugado malas pasadas en demasiadas ocasiones; aunque sin duda el momento más crítico lo vivimos el pasado verano, cuando Musk decidió usar Twitter para confirmar la salida de bolsa de la compañía. Al final resultó que los "fondos asegurados" de Arabia Saudí no lo eran tanto, y se ganó una investigación de las autoridades estadounidenses. La gracia le terminó costando la presidencia de la compañía, pero la verdad es que poco ha cambiado desde entonces.

Y menos mal, porque Tesla se encuentra en un momento crítico. El Model 3 es el nuevo modelo de la marca, orientado a reducir el precio lo máximo posible. Los modelos anteriores, orientados a entusiastas, sirvieron para levantar el interés, pero el comprador medio quiere un SUV mediano, práctico y con mucha autonomía. Eso es el Model 3, y será mejor que nos grabemos el nombre, porque empezaremos a verlo en carreteras españolas; ya lo hemos visto en Barcelona y en Madrid, donde ha recibido 325.000 reservas en apenas una semana. Interés hay, eso seguro, pero más importante es que viene de personas que normalmente no estarían interesadas en un coche eléctrico.

Una transición difícil

Tesla no es el único fabricante que apuesta por los coches eléctricos, ni mucho menos. Cualquier marca que se precie ha presentado al menos un modelo; aunque que se haga realidad es otra cuestión.

Los coches eléctricos suponen un modelo de negocio muy diferente al acostumbrado. En muy poco tiempo, algunos fabricantes han pasado de apostar por el diésel a echar el resto en eléctricos; es el caso de Audi y el grupo Volkswagen, que inició esta transición con el pie cambiado por el escándalo de emisiones en sus motores diésel.

Una transición que no afecta sólo a los consumidores. También a las fábricas y a los trabajadores, que tendrán que adaptarse a las peculiaridades de esta tecnología. Las buenas noticias son que España está en la vanguardia de este cambio. Cada vez más coches eléctricos se fabrican en España, y las previsiones son buenas: el grupo PSA (que engloba a Citröen y a Peugeot, y que no hace mucho se hizo con Opel) ya tiene previsto fabricar dos nuevos modelos de coches eléctricos en la fábrica de Opel de Figueruelas, Zaragoza.

Pero no basta con fabricar coches eléctricos. Si hay alguna pretensión de que tengan éxito, también tienen que solucionar dos de los grandes impedimentos con los que se encuentran los ciudadanos. El más obvio es que recargar un coche no es lo mismo que llenarlo de combustible; no es sólo cuestión de autonomía, ya que muchos modelos ya superan los 300 km con una carga.

Es cuestión de encontrar un sitio para cargar el coche, sin quedarnos abandonados en mitad de la nada. Y es cuestión de hacerlo rápido, tan rápido como cargamos nuestro smartphone como mínimo.

Aún hay muchas dudas en este sentido. El conductor medio aún no tiene claro qué son los coches eléctricos, qué ventajas ofrecen y cuáles de los mitos que ha escuchado son falsos.

Electrificación forzada

Y en general, los gobiernos no están ayudando precisamente, obligando a dar el salto a los coches eléctricos antes de que la mayoría de los compradores lo tenga claro. La confusión es evidente, y todo apunta a que sufriremos las prisas en las próximas décadas.

Ya sea porque hace falta un croquis para entender las pegatinas que nos abrirán las calles de nuestras ciudades, o porque aún no sabemos cómo vamos a cargar nuestro próximo coche, hay mucho en lo que mejorar.

Y no nos queda mucho, apenas 20 años, que parecen muchos, pero estamos hablando de revolucionar una de las industrias más importantes de la economía mundial. Todo apunta a que será en 2040 cuando en España dejarán de matricularse coches de gasolina y diésel; ni siquiera los híbridos ni los nuevos GLP (por gas) se salvarán. Todo, con el objetivo de que en el 2050 los coches contaminantes se prohíban completamente a nivel europeo. Un objetivo ambicioso, sin duda, pero necesario para luchar contra el cambio climático que ya protagoniza nuestras vidas.

Quién sabe, puede que los que vivieron los inicios del automóvil sintieran esta misma mezcla de miedo y expectación por una tecnología que cambiará nuestras vidas.

Lo que debes saber

Qué: la expansión de los coches eléctricos.

Quién: toda la industria automovilística.

Cómo: con el desarrollo de nuevas tecnologías y leyes.

Cuándo: ya ha comenzado.

Dónde: en todo el mundo, pero especialmente en Europa.

Por qué: una mayor concienciación social sobre el cambio climático y la necesidad de cumplir con los acuerdos de París.

 

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