La rebelión gitana en Auschwitz

Redacción  Noticias MX.- En mayo de 1944 Josef Mengele, el médico del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, informó a Georg Bonigut, uno de los encargados de seguridad del sitio, sobre la decisión que había tomado la oficina central de seguridad del III Reich de aniquilar el Sector BIIe a su cargo, el de los gitanos.

 

En el lenguaje de los nacionalsocialistas, la aniquilación de un campo significaba la muerte de sus ocupantes en las cámaras de gas.

 

Por una razón desconocida –quizás compasión– Bonigut se acercó la noche del 15 de mayo al polaco Tadeusz Joachimowski, quien además de ser preso político fungía como escribano y trabajador “administrativo” de ese sector del campo y lo alertó: “La cosa en el área de los gitanos se pondrá pesada; hay una orden para liquidarlos”, le confió al tiempo que lo instruyó para que alertara a los presos sintíes y romaníes –como se autodenominan los gitanos europeos– que creyera prudente.

 

De acuerdo con Apro, la estimación oficial indica que en ese momento había alrededor de seis mil presos de origen gitano en el campo de Auschwitz.

 

Joachimowski comunicó las novedades a un par de prisioneros, quienes a su vez advirtieron a toda la comunidad sobre la inminente acción que tendría lugar al día siguiente.

 

Lo que sucedió la noche del 16 de mayo de 1944 lo relató después el propio Joachimowski: “Ese día, cerca de las 19:00 horas, escuché el gong que anunciaba el bloqueo del campo. Hasta el sector de los gitanos llegaron vehículos de los que descendieron entre 50 y 60 hombres de las SS (los cuerpos de seguridad de la Alemania nazi) armados con metralletas y comenzaron a rodear las barracas que fungían como casas. Algunos de ellos entraron a las barracas y al grito de ‘¡Vamos! ¡Vamos!’ les ordenaron salir”.

 

Como en todas las operaciones de liquidación, los presos tenían que abordar los camiones de carga que los transportaban hacia la zona de los crematorios, donde también se ubicaban las cámaras de gas.

 

Pero esa noche nadie salió. Según el testigo, dentro de las barracas reinó un silencio absoluto y los miles de hombres, mujeres y niños que ahí habitaban se atrincheraron, negándose rotundamente a abandonarlas. Muchos habían logrado armarse con cuchillos, palancas y piedras. Estaban decididos.

 

El testimonio de Joachimowski continúa: “Entre los hombres de las SS hubo inseguridad y desconcierto. Tras una breve conversación, unos se dirigieron hacia el bloque donde se ubicaba la comandancia que dirigía la acción. Después de un rato, escuché el silbido que ordenaba a los hombres que rodeaban las barracas retirarse. Volvieron a sus vehículos y se marcharon. El día siguiente, Bonigut vino a mí y me dijo: ‘Por ahora los gitanos están a salvo’. Fue así que el primer intento de liquidarlos fracasó”.

 

El relato de Joachimowski es parte de las numerosas y exhaustivas declaraciones que él mismo hizo al término de la guerra sobre lo que atestiguó y que forman parte de la bibliografía oficial del Memorial Auschwitz-Birkenau. Como escribano de ese sector del campo, siempre estuvo bien informado sobre los sucesos y, de hecho, gracias a él es que el libro de registro de los gitanos pudo ser recuperado y utilizado como una valiosa fuente de información para la historia.

 

 

 

 

 

 

Su testimonio, además, es la base de los pocos registros que documentan la resistencia de los miles de gitanos que fueron aniquilados en este campo de exterminio, pese a que, junto con los judíos, fue una de las etnias que el régimen nazi se propuso exterminar. Aunque se desconoce la cantidad exacta de miembros de esta comunidad que fueron asesinados, el Consejo Central de Sintíes y Romaníes de Alemania asegura que fueron alrededor de 500 mil.

 

El de Auschwitz fue el campo de concentración y exterminio más grande ideado por los nazis. Construido en la periferia de la población polaca de Oswiecim –a 60 kilómetros de Cracovia– sobre lo que antiguamente fue un campo del ejército polaco, este enorme complejo estuvo formado por Auschwitz I, el campo central; por Auschwitz II Birkenau, que funcionó como campo de concentración y de exterminio; y por Auschwitz III Monowitz, que funcionó como campo de trabajo; además de otros 50 subcampos.

 

Se estima que en los casi cinco años de operación de este complejo murieron alrededor de un millón 100 mil personas. La mayoría eran judíos, aproximadamente un millón, pero también había polacos no judíos, prisioneros de guerra soviéticos y gitanos. De estos últimos, el cálculo oficial es que perecieron 21 mil de los 23 mil registrados en este campo.

 

Por eso Auschwitz, que este 27 de enero conmemora 75 años de haber sido liberado por el Ejército Rojo, se convirtió en el símbolo del Holocausto.

 

El exterminio de gitanos alcanzó su cúspide en febrero de 1943, cuando 23 mil de ellos, provenientes de toda Europa, llegaron deportados a Auschwitz II Birkenau, al denominado Campo Familiar para esa etnia. Un mes después, el 23 de marzo, mil 700 sintíes y romaníes de la región de Białystok fueron asesinados en la cámara de gas. Después se ejecutaron más acciones similares y con ellas los experimentos médicos que Mengele realizó con cientos de niños gitanos.

 

Para mayo de 1944, cuando tuvo lugar la sublevación gitana que logró aplazar el exterminio, sólo quedaban con vida 6 mil de los 23 mil gitanos que habían llegado poco más de un año antes.

 

Si bien el testimonio de Joachimowski refiere el fracaso de la operación para aniquilarlos, ésta se consumó la madrugada del 3 de agosto de 1944, cuando los cerca de 3 mil que quedaban fueron conducidos masivamente a la cámara de gas.

 

JAM

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