La agonía de la Constitución de Pinochet

Redacción, Noticias MX. – La institucionalidad política, económica y social construida en la dictadura y consagrada en la Constitución Política del Estado (CPE), de 1980, está agonizando.

 

El estallido social iniciado el 18 de octubre último, detonado por el alza del pasaje del Metro de Santiago, se ha convertido en una revolución ciudadana que ha terminado por poner contra la pared al gobierno del presidente Sebastián Piñera y al conjunto de la clase política.

 

Como resultado de esto, el jefe de Estado terminó por aceptar que no hay otra alternativa para salir de la crisis que impulsar un cambio a la CPE redactada –entre cuatro paredes– por una comisión constituyente encabezada por el fundador de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el abogado Jaime Guzmán.

 

La decisión la tomó el domingo 10 en una reunión sostenida en la casa del presidente, ubicada en el elegantísimo barrio de San Damián, al oriente de Santiago. En esta cita, además de Piñera y sus colaboradores más cercanos, participaron los presidentes y algunos parlamentarios de los tres partidos que componen la oficialista coalición de derecha Chile Vamos.

 

“Hemos acordado iniciar el camino, el proceso para avanzar hacia una nueva constitución”, señaló a la salida de ese encuentro el ministro de Interior, Gonzalo Blumel.

 

La circunstancia para hacerlo fue poco solemne, si se considera la magnitud de la decisión, tal vez la más importante que haya tomado un gobierno desde el inicio de la transición a la democracia, en marzo de 1990.

 

De noche, a la mitad de una callejuela solitaria, flanqueado por políticos derechistas atemorizados ante un proceso histórico que pensaron nunca llegaría, Blumel prosiguió: “Creemos que el mejor camino es trabajar sobre la base de un congreso constituyente”.

 

Aunque suponía un gran avance, esa propuesta del gobierno en materia constitucional restringía el papel de la ciudadanía a la ratificación –mas no redacción– de la nueva carta magna.

 

En el despliegue del giro en materia constitucional del oficialismo ha sido significativo el rol del partido Renovación Nacional (RN) y, en especial, el de su presidente, el diputado Mario Desbordes.

 

“Lo que viene es diálogo con las fuerzas políticas y sociales, y, dentro del menor plazo, alcanzar los acuerdos necesarios para una nueva constitución… Ahora hay que escuchar a la ciudadanía”, señaló el diputado Desbordes a la salida de la cita con Piñera.

 

En el encuentro, la presidenta de la UDI, la senadora Jacqueline van Rysselberghe, se opuso a la posibilidad de un cambio de la constitución. No obstante, cedió tras considerar que después de más de tres semanas de incesantes protestas el país está semiparalizado y la economía hace agua, sin que la represión policial pueda contener la marea social.

 

Para intentar salvar los muebles, la UDI accedió a entregar la “constitución neoliberal” a cambio del compromiso de Piñera y Blumel para que la nueva ley fundamental sea redactada por el actual parlamento, definido eufemísticamente como “Congreso Constituyente”. “Creemos que esto tiene que darse dentro del orden institucional”, planteó Van Rysselberghe en la improvisada conferencia de prensa en las afueras de la mansión de Piñera.

 

La senadora por la Región del Bío Bío, cuya sede parlamentaria de Concepción fue quemada por manifestantes dos días antes de dicha reunión, expresó tras ésta su deseo de que la disposición a cambiar la Constitución ayude a “restablecer el orden público”. Pero esto no sucedería. Todo lo contrario.

 

 

 

 

Desánimo en la derecha

 

La aceptación a cambiar la CPE se tomó a menos de dos días de que comenzara una huelga general, convocada por la Mesa de Unidad Social, cuya demanda principal es poner fin al modelo neoliberal.

 

En la diversa oposición política hubo satisfacción con el giro constituyente de Piñera. “Se acaba un ciclo en la historia de Chile: se termina el capitalismo neoliberal. Se necesita un nuevo modelo de desarrollo (…) Para ello se requiere una nueva constitución emanada de la soberanía popular”, expresó en Twitter el influyente senador mapuche de la Democracia Cristiana (DC), Francisco Huenchumilla, cerca de la medianoche del domingo 10.

 

Piñera tomó la decisión en materia constitucional de manera improvisada y en medio de fervientes llamados a que hiciera algo para poner fin a la crisis. Muchos de estos pedidos venían de su propia vereda política.

 

El domingo 10 el cientista político Daniel Mansuy hizo –en una columna publicada en el conservador El Mercurio– una crítica demoledora a Piñera y al conjunto de la derecha por no prever la tormenta que se avecinaba.

 

“Si el gobierno no toma algún tipo de iniciativa política –subiendo la apuesta social, fijando un itinerario para modificar la carta fundamental, ofreciendo un gesto sacrificial–, otros lo seguirán haciendo en su lugar”.

 

Mansuy aseguró en su escrito que en la derecha ha habido “un error profundo en el diagnóstico” de las causas de la crisis. “La defensa del ‘modelo’ adquirió ribetes dogmáticos, que impedían ver las graves y crecientes tensiones producidas por el mercado (…) Es imposible construir un proyecto político sobre la ignorancia deliberada de la realidad”, señaló.

 

El martes 12, en El Mercurio se le daba otro raspón a Piñera. En la sección “Cartas al Director”, el abogado Carlos Peña –intelectual predilecto de la élite– afirmó que “el gobierno ha sido derrotado. No derrocado, puesto que esto siempre tiene algo de dignidad, sino derrotado y de una manera que de esta última no tiene ninguna”.

 

El jurista continuó: “Una cosa es clara: o el presidente meditó profundamente la cuestión constitucional en la tarde de un domingo (leyendo en diagonal tratados de Derecho Constitucional) o, en cambio, se le impuso una decisión que él no compartía. Es obvio que se trató de lo segundo”.

 

En su misiva, Peña –que poco después del inicio del estallido social recomendó abiertamente reprimir para salir de la crisis– recordó que en el gobierno han dicho que el congreso debe ser el constituyente. Pero afirmó que, después de tantas vacilaciones, no hay razones para creer que no cederán ante la fuerza de la propuesta ciudadana.

 

Finalmente puso la lápida: “La única incógnita que queda flotando en el aire es quién derrotó al gobierno. La respuesta peor y más segura es la siguiente: él mismo, porque demostró en una hora crítica carecer de ideas y no tener voluntad”.

 

JAM

 

 

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