Miradas que matan / En opinión de Joel Hernández Santiago

Redacción MXPolítico.- Durante muchos años daba pánico la sola idea del espionaje. Con frecuencia éste se asociaba a un mundo sórdido con espacios sórdidos y gente asimismo, quienes desde lúgubres cuartos sin ventanas y apenas un atisbo de luz trabajaban para escuchar en secreto lo que otros decían al teléfono… Audífonos puestos y conectados a un aparato en el que se reproducían pláticas, charlas, acuerdos, intimidades corrosivas o no…

Y esa imagen tenebrosa era parte del imaginario de persecución política que ejercía el gobierno en turno para saber qué, cómo, cuándo, dónde, por qué y de parte de quién actuaba tal o cual persona o grupo, por el sólo hecho de resultar ‘sospechosa’ a ojos y oídos de ese alguien oculto quien sabía todo de todo y que, por lo mismo, tenía la información y, por lo mismo, más poder no sólo el político, también el poder sobre vidas en particular.

¿Por qué y para qué tal persecución? ¿Por qué y para qué el espionaje? ¿Por qué y para qué seguir a tal o cual persona o infiltrarse en grupos de cualquier naturaleza para saber qué?

Ya desde 1947 se estructuró de manera formal una oficina que haría las veces de vigía; de ojos y oídos del gobierno. Fue durante el régimen de Miguel Alemán que nació la Dirección Federal de Seguridad y dependía de la Secretaría de Gobernación. Según  la periodista Cristina Hernández, el primer director de esa DFS fue el Coronel Marcelino Inurrieta de la Fuente, quien mandó a capacitar a los miembros del grupo a Estados Unidos: al FBI.

Entre los que se fueron para ‘capacitarse’ estuvieron Melchor Cárdenas, Fernando Gutiérrez Barrios, Jesús Romero Muñoz… y su principal tarea era la de “mantener informado al presidente sobre la situación política y social del país, además de cuidar su seguridad”.

Pero no era solamente esta tarea. A este grupo se le estaba entregando un poder inmenso. Uno que podrían usar de manera privilegiada y sesgada. Sus tareas no eran de tanto de inteligencia como sí de persecución política e, incluso, de espionaje particular.

Toda esa información se acumulaba ahí y era utilizada cuando así lo consideraban pertinente para presionar, extorsionar o conseguir más información privilegiada… Sus tentáculos eran incontrolables…

“El 29 de noviembre de 1985 la DFS desapareció al comprobarse la corrupción y abusos cometidos por sus directores, jefes y agentes.” Así que ese día mismo nació lo que sería en adelante el Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional (Cisen)

En realidad todos los gobiernos del mundo tienen sus oficinas de Inteligencia, esto es, en las cuales se recluta información secreta sobre movimientos sociales o personas, organizaciones o grupos de cualquier naturaleza que pudiera perjudicar la integridad del Estado, la seguridad nacional y cualquier peligro interno o externo que pudiera desestabilizar a todos. Y así funcionan. Son oficinas que habrán de contribuir para eso, para la Seguridad Nacional.

Pero no era el caso de México, porque de nueva cuenta esta oficina que debería estar atenta a riesgos externos o internos que pudieran poner en peligro la seguridad nacional de México, se convirtieron en brazo informado de los gobiernos y los gobernantes en turno. Sus agentes se colaban en la vida pública y privada de muchos y de uno a uno para saber vida y obra de su objetivo. La vida pública y sus secretos estaban ahí, a la mano, así como la vida privada, que dejaba de serlo porque ellos miraban por el ojo de la cerradura en una actitud lo mismo obscena como perversa.

Y así espiaron a políticos, a dirigentes sociales, a dirigentes sindicales, a funcionarios, a gente pública, a periodistas, a tal o cual, a veces sin venir a cuento…

Mucho hay que describir de ese mundo que debiendo ser necesario para la preservación de la soberanía nacional, su seguridad, y la de todos aquí, se convirtió en el persecutor de la vida y obra de gente que no sólo ha sido espiada, sino perseguida o extorsionada.

Mientras tanto, ya desde el primero de diciembre de 2018, en cumplimiento de una promesa de campaña del Presidente Andrés Manuel  López Obrador, el famoso Cisen se convirtió en Centro Nacional de Inteligencia (CNI), con la promesa presidencial de que se terminó eso del espionaje y de las persecuciones políticas por la información que recababan.

Y más: El 26 de febrero pasado, el presidente de México firmó el decreto para abrir al público todo el contenido de los expedientes de lo que fueran el Cisen y la DFS. Ni más, ni menos. Y está bien, siempre y cuando el sentido de esa apertura tenga un sentido de descarga de conciencia y que de ninguna manera sirva esto para persecuciones y morbo…

Esto porque apenas unos días después, distintos medios de comunicación comenzaron a airear vidas privadas de estrellas, estrellitas y asteroides de la farándula como también de la política. “Elba Esther Gordillo era déspota y antipática”.

La apertura de expedientes que deben formar parte del acervo histórico del país deberá ser cuidado y dado a conocer, sí, siempre y cuando su utilización no conlleve daño o desprestigio de nadie y sí sirva para construir la historia de la ignominia y la persecución.

Ya se sabe, la historia tiene las puertas abiertas para aproximarnos a la verdad de lo que hemos sido y lo que ha ocurrido. Escribirla con rigor, con seriedad y sin ánimos de venganza o desahogo será sano y provechoso para quienes estamos aquí y quienes nos sigan.

Los servicios de inteligencia deberán servir para lo universalmente aceptado: garantizar la seguridad nacional, nuestras vidas, nuestra soberanía y nuestro patrimonio cultural, histórico y personal. Ni más, ni menos.

Autor:  Joel Hernández Santiago

Contacto: jhsantiago@prodigy.net.mx


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