Jugando con fuego / En opinión de Olga Pellicer

Redacción MXPolítico.- Jugar con fuego es muy riesgoso, y más en una zona tan explosiva como el Medio Oriente. Varias señales indican que a Donald Trump no le beneficia un enfrentamiento militar cuyas consecuencias podrían ser devastadoras. En plena campaña electoral, asumir compromisos para que Estados Unidos se embarque en una guerra con Irán no es atractivo para su clientela tradicional, ese famoso 40% del electorado que se ha mantenido leal al insólito personaje que hoy ocupa la Casa Blanca.

Los votantes sin educación universitaria, xenófobos y racistas no pueden ver con buenos ojos que su país invierta recursos –o que incluso pudiese sacrificar vidas de ciudadanos estadunidenses– en un conflicto tan ajeno a sus preocupaciones. La política de Trump hacia Irán no tiene repercusiones internas favorables a sus intereses electorales.

Sin embargo, las tensiones entre Estados Unidos e Irán han escalado considerablemente los últimos días. Ha habido anuncios (rápidamente corregidos) de bombardeos estadunidenses sobre blancos seleccionados en territorio iraní, ha habido bombardeos atribuidos a Irán contra tanques petroleros que atraviesan el estrecho de Ormuz, hay declaraciones muy agresivas de Trump sobre sus intenciones contra ese país. Una chispa podría prender otro fuego en aquella parte del mundo. ¿Qué está sucediendo?

El primer paso lo dio Trump cuando decidió desconocer el Acuerdo sobre el Programa Nuclear de ese país, logrado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania e Irán, y aprobado por unanimidad por ese órgano en junio de 2015.

Procedió entonces a la aplicación de sanciones económicas contra Irán, cuya suspensión era, justamente, la contraparte al compromiso asumido por este último de suspender su programa nuclear, percibido por gran número de observadores como el camino hacia la posesión de armamento atómico.

No hay una explicación clara de los motivos que empujaron a Trump a tomar esa decisión. Para algunos, fue una frivolidad para desconocer lo que había sido presentado como un triunfo diplomático de Barack Obama. Para otros, resultado de presiones de los llamados halcones del Partido Republicano.

Es posible que se intentara obligar a negociar otro acuerdo, en el que Irán aceptase compromisos más generales sobre su comportamiento en Medio Oriente, o bien que se presionara para un cambio de régimen político en Irán, en el que hubiese menos influencia de los grupos teocráticos tradicionales.

Sea como fuere, el daño a la economía de Irán por la imposición de sanciones económicas frenó bruscamente la deseada normalización de las relaciones con Occidente, profundizando las dudas de los grupos más radicales de ese país respecto a los efectos positivos de un acuerdo que ha paralizado la intención de adquirir una bomba nuclear y, en consecuencia, un mayor poder de negociación frente a Estados Unidos. La experiencia de Corea del Norte sirve como ejemplo de lo que se puede lograr cuando ya se está en posesión de esa arma.

A pesar de las voces internas favorables a una posición de mayor confrontación con Estados Unidos, el gobierno del presidente Hasán Rohaní ha procedido con cautela. El 8 de julio anunció que estaba comenzando a producir uranio enriquecido en niveles que excedían el límite de 3.67 % establecido en el acuerdo.

La medida no fue sorpresiva: ya había anunciado que lo haría y que incrementaría esa cifra los próximos 60 días, si los miembros del acuerdo aún vigente no ofrecían remedios para contrarrestar las sanciones económicas de Estados Unidos.

Aunque el cumplimiento riguroso del acuerdo por parte de Irán está ahora en duda, el hecho es que un pequeño exceso de las cantidades establecidas para la producción de uranio enriquecido no representa un verdadero peligro. Se necesitarían muchos pasos adicionales para que se pudiese afirmar que con ello pretende acercarse a la capacidad de fabricar una bomba nuclear. Por lo pronto, sus acciones son una manera de llamar la atención, ejerciendo presión a fin de que se tomen medidas para aliviar las sanciones económicas de Estados Unido; la respuesta a dichas presiones ha tenido hasta ahora escasos resultados.

Por lo que toca a los países europeos –Alemania, Francia y el Reino Unido– sus esfuerzos para disuadir a Trump de retirarse del acuerdo han sido múltiples pero infructuosos.

En lo relativo al comportamiento de Irán, han condenado verbalmente a su gobierno por la violación de los compromisos establecidos en el acuerdo. Quien mayormente ha tratado de interceder para evitar que la situación se deteriore es el presidente de Francia, Emmanuel Macron, que ha estado muy activo en pláticas con Estados Unidos e Irán para evitar que sus diferencias se profundicen.

La reacción de los otros dos signatarios, China y Rusia, ha sido distinta. Se han referido a las acciones de Irán como una reacción comprensible a la campaña de sanciones por parte de Estados Unidos.

Las presiones extremas de Washington son la raíz del problema, según declaró el vocero del gobierno chino; el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia colocó el acento sobre los efectos negativos de las medidas adoptadas por Estados Unidos.

Se ha perdido así entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad el interés común que permitió hace ya cuatro años el éxito de las negociaciones. No hay actualmente un foro multilateral que contribuya a enfrentar situaciones que ponen en peligro la paz internacional.

Se acaba de celebrar una reunión de la Junta de Gobierno del OIEA, conocida como el watchdog de la energía atómica, para debatir sobre el tema. Se trata, sin embargo, de un perro guardián sin colmillos, carente de cualquier mecanismo para imponer sus decisiones.

El frágil equilibrio en que se encuentra la situación de Irán obliga a estar en guardia. Están presentes las debilidades de la seguridad internacional contemporánea; no existen condiciones para protegerla. Cualquier incidente puede hacer estallar un enfrentamiento militar no deseado. Es el peligro de jugar con fuego en una región tan propicia a los incendios como es Medio Oriente.

 

Autor: Olga Pellicer 

 

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