El primer 18 de marzo de AMLO presidente; entre mantas y tambores… y sin líder sindical / En opinión de Arturo Rodríguez


Redacción MXPolítico.- Notas musicales de nacionalismo revolucionario rebotan bajo un moderno toldo blanco. Al frente, Andrés Manuel López Obrador encabeza su primera celebración como presidente de México, que es la número 81 desde la expropiación petrolera, un tema que da origen al diseño destacado de una de las figuras que semblantea la iconografía gubernamental: Lázaro Cárdenas del Río.

Una banda sinfónica interpreta La Marcha de Zacatecas, El Son de la Negra, Cocula, Guadalajara… mientras la concentración multitudinaria desborda desde las 10:00 de la mañana, en los campos deportivos de la refinería de esta localidad. Sólo cesa la música en vivo con la prolongada espera y al rescate entra el sonido local. Programado para la 1:00 de la tarde, hay una hora de retraso.

La jornada es plena de invocaciones al porfirismo entreguista, la decisión del general Cárdenas al expropiar, al neoliberalismo –que en la narrativa presidencial hizo todo tan mal y al que llama también “neoporfirismo” – es acto para el anuncio formal de la titular de la secretaría de Energía (Sener), Rocío Nalhe:

Ya se entregaron las invitaciones a las empresas que pueden quedarse con el contrato para construir la nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco. Fue para, en consorcio, la estadunidense Bechtel con la italo-argentina Techint, y la australiana Worley Parsons con la estadunidense Jacobs;  en solitario, sin consorcio, van la estadunidense KBR y la francesa Technip.

Les entregaron las invitaciones, sin licitación de por medio, porque “hay malas experiencias”, dijo Nalhe temprano, por lo que prefieren así, eligiendo a las que consideran mejores del mundo, conforme a la ley recordó el presidente, insistente en la honestidad.

Nahle, Romero y López Obrador, en ese orden de aparición, presentan sus planes sobre el sector energético, la forma en que se reactivará la industria petrolera en exploración y extracción en pozos, pero también en refinación y hasta un video se ocupa de presumir la estrategia antihuachicol.

Con porras constantes, batucada que marca el ritmo, el acto se desvive por López Obrador, pero entre sus consignas hay varias que entre apoyo a la figura y el reclamo a la corrupción sindical, se funden en coros indescifrables, que llevan por separador auditivo, un silbato de mítin de antes.

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La panorámica de la concentración y el presídium tienen ausencias notables:

Esta vez no hay cascos blancos, amarillos o rojos entre el gentío agrupado bajo el toldo ni en los contingentes expuestos al sol; abundan las camisas blancas de pantalón beige, pero escasean los overoles caqui que llevaban la marca Pemex en el pecho.

Sobre todo, no está el dirigente del sindicato petrolero Carlos Romero Deschamps, recipiendario de los mensajes que en pancartas le imputan corrupción, de las consignas que lo quieren fuera porque en algunos momentos durante la espera y durante el evento, la multitud dirá “Fuera Deschamps, fuera Deschamps”.

Y en efecto, quedó fuera, pues muy a pesar de que explícito pidió asistir, no fue invitado.

Ausente en persona y ausente en los mensajes donde sólo se aborda el esfuerzo de los trabajadores petroleros en el reconocimiento que el presidente López Obrador les hace por las malas condiciones de las plantas en las que laboran, pero nunca en la alusión a la relación obrero-patronal, que se signa en el sindicato que nadie mencionará.

Entre mantas, tambores y silbatos, el acto es atestiguado por el mandatario federal y su homólogo estatal, Omar Fayad; están presentes, además de Nahle, los secretarios de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; de Economía, Graciela Márquez; de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval; de Desarrollo Rural, Héctor Villalobos, los líderes camerales Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres Guadarrama; un par de senadores por Hidalgo y la presidente municipal que esperan por más de media hora ya colocados en el presídium, la llegada del presidente.

En tanto, se suaviza el rugido grave de la tuba cuando debe interpretar el Danzón 2 de Arturo Márquez y la acentúa en el Amor de Hombre convertida hoy en paso doble que arranca aplausos, los mismos aplausos que se funden en la batucada que impondrá su domino instantes después, como si fuera invocación, precursora del ingreso presidencial al sitio abarrotado.

Con las notas del Huapango de Moncayo, los contingentes campesinos reivindican la tierra, buscan el encuentro con el mandatario federal para entregarle algún paquete de peticiones y a su entrada, por el camino que marca una valla como las de campaña, en su salutación a la multitud habrá de recoger, acompañante al lado, las numerosas cartas y folders que esta vez, como en toda aparición pública, le habrán de entregar.

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Porras a López Obrador y porras a Fayad, que a paso firme y rápido toma su lugar en el micrófono para disertar a propósito de la expropiación petrolera en su calidad de gobernador anfitrión.

El sector más ruidoso de la concentración, que es el de la batucada, mantiene constante su ovación al mandatario estatal, acallando así los escasos silbidos y abucheos que le dispensa en dispersión algún otro sector de la concurrencia.

Fayad se desgañita en el clímax de su discurso, pero apenas si consigue la reacción de los de la batucada, en sobreactuada inspiración oratoria en la que expresa apoyo al presidente López Obrador.

Como cosa adrede, mientras un video explica la estrategia contra el llamado huachicol, así como los resultados cada vez más eficientes, siempre según la cifra oficial, un aroma a hidrocarburo pasa en vetiscas por el donde transcurre el evento. Curiosamente cesa al iniciar el informe de Octavio Romero, el director de Pemex que por la mañana presentó lo mismo.

El mensaje de Romero habla de una mayor inversión y aprovecha para repasar a las calificadoras que en años previos mejorar las notas a Pemex desinvertido; expone datos de la caída de la producción e informa de 16 nuevos campos en aguas someras; cuatro campos en tierra, enorme infraestructura con la que se propone, conforme al plan sexenal, conseguir un incremento significativo en la producción.

Ante los empleados administrativos presentes, los despedidos de Pemex en protesta y los campesinos que recuerdan el reparto agrario, López Obrador convoca a los trabajadores a rescatar a Pemex; insiste en que 36 años de política neoliberal se propuso destruir a la petrolera (y también a la CFE), pero que no lo lograron y el pueblo, “dio a la voz de alarma el 1 de julio”.

Las promesas se mantienen: no se cancelarán contratos en el sector energético; se logrará autosuficiencia de gasolinas; se incrementará la producción y se rehabilitarán las seis refinerías.

El acto llega a su fin, ya sin música, sólo con contingentes dispersos que intentan acercarse al camino presidencial que sale por el lado trasero del toldo, bajo la custodia de su ayudantía y sin contratiempos, abandona el lugar.

Autor:Arturo Rodríguez

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