Camerún, una bomba de tiempo / En opinión de Diego Gómez Pickerning

Redacción MXPolítico.- El calor del mediodía es soporífero en ésta que es la segunda ciudad más grande de Camerún y, por mucho, su capital económica. Aquí los termómetros, indistintamente de la época del año, no suelen bajar de los 30 grados centígrados, y la humedad, colgada en el aire, dificulta la respiración, nublando la vista. La majestuosidad de los más de 4 mil metros del Monte Camerún, situado a escasos 70 kilómetros y solo superado por el Kilimanjaro en altitud, se difumina en esta caldera urbana.

“Esto está tan caliente como el país, mejor venga a tomar el fresco en la sombra”, me dice Lydia, entre divertida y seria, invitándome a acompañarle en la desvencijada silla de madera de su terraza con vistas al río Wouri y más allá, el Atlántico. De amplia sonrisa y expresiva mirada, la afanosa madre de treinta y pocos años ha descubierto una faceta de activista en fecha reciente –“me apasiona”, confiesa– y quizá también de prestidigitadora. Pues, como bien menciona, el clima político y social en su país está, sin duda, a punto de ebullición.

Las elecciones presidenciales celebradas en octubre de 2018 fueron probablemente un parteaguas en la nación ecuatorial. Con poca participación de votantes y una campaña que no estuvo exenta de intimidaciones por parte del partido oficialista hacia simpatizantes de otras fuerzas políticas, así como de boicoteos de las inquietas agrupaciones del Camerún anglófono que buscan mayor soberanía e incluso la independencia, el enésimo triunfo del anciano presidente Paul Biya en las urnas, con un inusitado porcentaje de aprobación, ha generado incomodidad en más de uno, elevando la temperatura de la discusión dentro y fuera del país sobre su frágil futuro. En Camerún, al menos para Lydia, “algo tiene que cambiar y pronto”. 

 

Autor: Diego Gómez Pickerning 

 

 

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